domingo, 30 de marzo de 2008



doctor de renombre se enamoró de ella, el criador de mulas vio con buenos ojos esta atracción.
Les circunstancias, el dinero, el envejecimiento temprano de florentino y una empujadita de la prima sin recato de Fermina consiguieron que esta ultima aceptara el noviazgo y matrimonio con su doctor.
Mientras tanto del otro lado de la moneda florentino es obligado por su madre a viajar muy lejos para olvidarse de aquel gran dolor.
Los barcos fueron parte importante en esta historia, pues el tío de Florentino era dueño de una naval, este familiar patrocinó aquel viaje, pero el obstinado muchacho se regresó para luchar por su amor. Al momento de regresar ya el doctor y su diosa coronada habían salido a su luna de miel en Paris.
El joven dedicó su vida a intentar olvidar a aquella mujer enredándose en amores teniendo sexo con varias mujeres, mujeres alas que él no amó nunca pues seguiría en espera de aquella que fue su primer amor.
Pasaron los años y el cambio de siglo sin que este envejecido hombre lograra encontrar la felicidad. Por otro lado el matrimonio de Fermina se convirtió en rutina, estable mas no amoroso y ala vez con la infidelidad del doctor que la engaño con una mujer de raza afro americana.
Varias mujeres jóvenes pasaban por el lecho de aquel decrepito anciano el que con el tiempo y por la muerte de su tío logro hacerse de un alto nivel social pero aun no era capaz de obtener el amor de aquella chica que por el tiempo el otoño también se apodero de su cuerpo.
La muerte del doctor esposo de la diosa coronada, da nueva vida a aquel loco sueño de amor eterno, Florentino declara su amor nueva mente a Fermina y otra vez es rechazado, pero por la habilidad nata de poeta, Don florentino logra adueñarse nuevamente del aprecio de aquella anciana adorada.
Un viaje en uno de los barcos de aquel anciano fue escenario del encuentro amoroso entre estas personas de la tercera edad pudiendo, por fin entregarse mutuamente y aunque sus cuerpos estaban marchitados encontraron la flama que por primera vez había hecho arder este amor.

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